En estos tiempos encontrar un espacio donde se habla de la Palabra de Dios es encontrarse con religiones y normas de hombre que más bien separan al hombre del original y genuino plan de Dios; religión no es igual a relación, y esta última es el objetivo primordial de Dios Padre. Nuestra sociedad se encuentra en una gran decadencia de valores y normas sociales, morales y espirituales. Partiendo de que los valores son aquellas normas de conductas por las cuales nos regimos para tomar nuestras decisiones, Santiago 4, habla acerca de nuestra amistad con el mundo y como ésta nos separa de Dios. Sin embargo hoy en medio de todo este caos, siempre hay oportunidad para volvernos a Dios y encontrar en El las respuestas a un sinnúmero de cuestionamientos. Apocalipsis 3:20 nos dice “He aquí yo estoy a la puerta (de tu corazón) y llamo, si alguno (tú) oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, cenaré con él y el conmigo”.
Las nuevas y emergentes llamadas culturas urbanas como los emos, punkeros, metaleros, rockeros, etc., no son más la expresión de los seres humanos, tanto de niños, jóvenes y adultos para expresar la desesperanza de un mundo en crisis, en donde el estrés y la depresión están matando tanta gente como pueden y que al igual que las enfermedades incurables para la medicina como el cáncer y el mismo sida, son únicamente curadas por Jesucristo, quien es el único camino al cielo.
La respuesta se encuentra en el libro por excelencia, la Biblia, no en las propuestas políticas, ni en las cartas y estrellas, no en el sexo, ni en las corrientes emergentes filosóficas, no en tratados de libre comercio, y no será hasta que reconozcas a Jesús como tu señor, que encontrarás la verdadera razón de vivir, ni sabrás cuál es tu propósito, pues para encontrar un motivo para vivir, hay que encontrar una razón por la cual morir, eso fue lo que llevo a Jesús a morir por la humanidad.
Hay respuesta y solución para ti. Por lo que te animo a aceptar a Jesús, como amigo, hermano y Salvador de tu vida. Te invito a que ores así:
“Querido Jesús, reconozco que soy pecador y que esta condición me aleja de ti, hoy decido renunciar a lo que a ti no te agrada y me separa de ti, gracias por morir en la cruz, y te alabo pues también resucitaste victorioso al tercer día, límpiame de mis pecados y acéptame como tu hij@, pues hoy he decidido aceptarte como mi salvador, séllame con tu Santo Espíritu, amen.”